Historia de los sistemas de iluminación

Historia de los sistemas de iluminación 1

Desde la invención del fuego en la prehistoria, el calor y la luz que se obtenía de él ha cambiado por completo la forma de ver el mundo. La llama formaba parte de una manera de iluminación por la noche, ya que durante el día se aprovechaban de la luz natural del Sol.

Y desde ese momento hasta la actualidad, un sistema de electricidad artificial nació y evolucionó del fuego para ofrecer servicios de luz e iluminar así las calles, las casas y los lugares de trabajo. A día de hoy, la población mundial no puede vivir sin luz, ya que se considera una necesidad básica para el desarrollo de una sociedad digna.

En este artículo vamos a realizar un recorrido por todas las diferentes etapas que nos ha hecho llegar hasta la actualidad, en donde disponemos todo tipo de instalaciones eléctricas, como el gas natural o el butano, que nos alumbran de manera ininterrumpida.

Las lámparas de aceite

Las primeras manifestaciones tras la invención del fuego fueron las lámparas de aceite. Las más antiguas datan del siglo 7.000 / 8.000 antes de Cristo (a.C). El mismo aceite que se empleaba para cocinar era el que también servía para ofrecer luz en las casas.

Este sistema suponía una jerarquía social bastante notoria, ya que las familias pobres tenían que decidir la cantidad de aceite que le dedicaban a la cocina y a cocinar. La evolución del aceite llevó a otros tipos, como el de oliva, de nuez para ofrecer una mayor luminosidad.

Las velas

Durante la era cristiana se abrió paso a la fabricación de una de las industrias más antiguas que, de hecho, presume aun de existir en el presente: las velas. Las primeras se elaboraban con materiales naturales como la cera de abeja o la grasa animal que se descubrió a continuación.

Su uso se incrementó durante la época medieval y pasó a llamarse candela, que se supone era el empleo doméstico que se le otorgaba a la luz. El impulso de las velas llegó en los siglos XVI y XVII, que ya era la forma más común para iluminar un el interior de un hogar e incluso el alumbrado público de las calles, que se postraban en unas antorchas.

La aparición de la parafina en el 1850 fue sin duda el colofón, ya que se economiza su precio de producción y compra. Hasta la llegada del gas, fue el sistema más empleado en las casas como fuente de iluminación.

La llegada del gas

El gas revolucionó por completo el sistema de iluminación de las casas. Llegó a finales del siglo XVII, en plena Primera Revolución Industrial, y su primera manifestación se encuentra en el alumbrado público porque no se consideraba una manera segura de emplearse como fuente de luz para el uso doméstico.

Su gran desventaja era su intensidad, que en el 1880 pudo incrementarse gracias a la incandescencia. No obstante, este sistema generaba demasiado calor en las casas, lo cual se hacía un poco pesado porque reducía la calidad de vida.

El presente: la iluminación eléctrica y el LED

A inicios del siglo XX se sustituyó la iluminación de gas por las eléctricas. Las lámparas eléctricas de arco fueron las primeras manifestaciones de esta evolución que, en consecuencia, provocó la incandescencia. Más adelante, a mediados de siglo, aterriza el fluorescente, otro modelo para la iluminación de las casas. En la actualidad, la revolución tecnológica ha desarrollado las bombillas LED, de baja densidad, y con una duración media de unos 10 años. Se trata del modelo de iluminación hasta la fecha más eficiente y ecológico.

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